El aire de Emilianópolis hoy se siente limpio y ligero, como si una brisa suave hubiera barrido las calles durante la noche. Al respirar, no hay esa pesadez que a veces se queda en el pecho; más bien, es de esos días en que hasta el café al aire libre sabe mejor. Si tienes ventanas, ábrelas sin pensarlo, porque la casa se va a llenar de una frescura que invita a quedarse un rato en el balcón.
Para salir a dar un paseo o mover el cuerpo, no hay excusa que valga: el cuerpo responde con energía y los pulmones no protestan ni un poquito. Los niños pueden correr en el parque, los mayores dar su vuelta tranquila, y quien tenga alguna molestia respiratoria o del corazón notará que hoy no hay que andar con cuidado extra. Es un día para disfrutar sin reloj, para hacer ese ejercicio que se viene aplazando o simplemente para caminar sin prisas.
Abrir las ventanas de par en par al mediodía, cuando el sol calienta pero no achucha, es un acierto total. La ropa tendida va a secar con ese olor a limpio que no se compra en ninguna tienda, y hasta las plantas de la terraza parecen más verdes con este aire tan claro. En Emilianópolis, cuando el día es así, uno se da cuenta de por qué da gusto vivir aquí.
Así que ya sabes: hoy no hay que guardar las mascarillas ni cambiar planes por el cielo. Respira hondo, que el aire está de tu lado, y aprovecha para hacer esa llamada dando un paseo o leer un rato en la plaza. Si el viento sigue así, mañana será otro regalo, pero por ahora, quédate tranquilo: es un día de esos que se agradecen sin decir nada.