El cielo sobre São Paulo amaneció con un tono grisáceo y el aire tiene ese peso que se siente en los pulmones al respirar profundo, como si estuvieras en una habitación cerrada con mucha gente. No es un día para estrenar zapatillas de correr al aire libre; mejor dejar el ejercicio para mañana o hacerlo en casa con las ventanas bien cerradas. Si tienes que salir, notarás que el pecho pide un ritmo más lento, como cuando subes una cuesta sin prisa.
Para los vecinos más pequeños, los abuelos o quienes tienen problemas de respiración o del corazón, hoy es un buen momento para quedarse adentro, quizás leyendo o viendo una película. El ambiente no es tóxico, pero sí cargado, y a ellos les cuesta más filtrar esa sensación de aire espeso. Si puedes, evita que hagan esfuerzos fuera de casa, sobre todo en las horas centrales del día.
Lo práctico: mantén las ventanas cerradas, enciende un ventilador si hace calor y, si tienes un purificador, es su momento de brillar. No pasa nada por salir a la tienda de la esquina, pero hazlo rápido y sin detenerte a conversar en la calle. Respirar hondo hoy no es placentero, así que trata de tomar el aire en bocanadas cortas cuando estés fuera.
Mañana el viento suele cambiar y el cielo se aclara, así que esto es pasajero. Mientras tanto, cuídate como si estuvieras en un día de lluvia fina pero constante: sin drama, con cuidado. En São Paulo, estos días se superan con un poco de pausa y mucha agua en la mesita de noche.